domingo, 24 de agosto de 2008

Poema Número I

El día que te conocí
El sol amaneció distinto
El cielo era más azul que nunca
el color de tus ojos
Intentaba alcanzar su intensidad

En la tarde los crepúsculos
Eran agudamente anaranjados
Las nubes; eterna claridad
Tu aspecto, profundamente sonrojado

Aun así, día como cualquiera
Para mí era aquel
Yo no sabía, que años más tarde
Te amaría; como ahora lo suelo hacer

En momentos como estos
desearía tomar tu mano
Amarrarla eternamente junto a la mía

Que si el día se vuelve tormenta
Que ni su fuerza nos desaloje
De nuestros fúnebres capullos
Que si la noche oscurece nuestras avenidas
No te diga en sus tantos murmullos
Que he dejado, de sonreírle a la vida

Si nos hundimos en un charco, ahogándonos
Juntos, salgamos a la superficie
Si nos caemos a un abismo, rompiendo nuestros huesos
Juntos, vendémonos nuestros cuerpos
Y si nos vamos quedando ciegos
Juntos, guiémonos por el camino correcto

Reguemos nuestro pequeño jardín
Aunque hallan pocas flores
Asegurémonos; que sean las más lindas
Que lentamente, cada día una de ellas florezca
Y en momentos de otoño, esperemos pacientemente
La amarga primavera.

Michelle Marie Blin
7/11/07

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