lunes, 25 de agosto de 2008


Esa vela
Grande llamarada
Luz emprendedora

Todo comenzó
Con sutiles colores fugaces
El cariño y el amor
La hicieron crecer
Como ráfagas audaces

Hábil, fuerte, rojiza
La llama de apoco encendía
La vela, permanente
La sostenía

Tiempos pasaron
Ni el viento más dinámico la sofocaba
Seguía ahí, impalpable
Nada la derrumbaba

La lejanía quizás, la distancia
Era la real causa,
Por como tan lentamente
El fuego se apagaba con audacia y suspicacia

Ya no era la misma vela
Su color era distinto
Su aroma tan vacío

Y desconsoladamente
Lo que fue un gran candelabro
Sosteniendo una feroz llamarada
Se convirtió en mi peor taladro
Ahora, ni una pequeña luz emergía
Su cera, convertida en charcas de nostalgia

Y en un basurero yacía
Diminuta vela
No tenía fuerzas
Para ni una estrella
Si quiera concebía
2007

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