sábado, 1 de noviembre de 2008

79 palabras

Luego del golpe caí de la cama. Vi como me observaba perplejo con sus grandes ojos cafés. Me levanté y le sonreí. Tomé un volantín y me fui volando por los aires, sin decirle nada a nadie. Pero él, aun me observaba con sus grandes ojos cafés, que no podían haber sido azules. El tiempo se detuvo pero los autos aun transitaban mientras la gente con un café en mano iba hacia sus oficinas. Él, aún perplejo, me miraba.

No hay comentarios: