Pertenecí a los lunes de enero en madrugada
Al despertar con el deporte de la isla lejana
Al frío helado que, para mí,
con tus anchos dedos los domingos preparabas
Pero el dolor de mi partida,
De tus pupilas profundas,
No se irá
Pertenecí al diseño de tu cocina,
que te oponías a imaginar, a mano alzada
A las visitas al galpón
Al gallinero que te vi con dicha delatar
Y al desayuno casi crudo, que te gustaba
Por las mañanas gloriosamente cocinar
Pero la sonrisa y el café que con amor profundo
te entregaba, aquel -de tu memoria-
No se irán
Pertenecí al lago natural que a sudor cimentaste
-y por cierto, del todo, nunca lograste acabar-
Al embalse que alguna vez cabalgando me juraste,
Por los árboles, amar
Al amor de mi perro, a la caricia de su lomo.
Pero esas caricias, no volverán
Quedara la hermosura de tu casa en las montañas,
Y el acantilado que a la playa por el atardecer este regalaba
Pero el vino que dejábamos en la mesa, mientras mirábamos el mar y el reflejo de tu copa en mis labios, Lo juro, no regresarán
Se irán los encuentros que teníamos
Las noches de calor, mi olor a flor de primavera, al pronunciar tu nombre
Se irán las citas en el local que vendía en un recodo
Y nuestra bocas que juntos cada noche de invierno se susurraban secretos, casi haciendo el amor
Con los sueños aguardando y en un dormir profundo
El beso y el adiós de cada mañana, lo juro,
No volverán
